La guinda que le faltaba al Reale Arena

La guinda que le faltaba al Reale Arena

Un equipo de arquitectos propone una escultura para el exterior del estadio: mide diez metros, flota sobre el espectador y ofrece una experiencia inmersiva con un acabado de efecto espejo

JORGE F. MENDIOLA SAN SEBASTIÁN.

El Reale Arena está incompleto porque le falta lo más importante, la imagen que identifica y aglutina a todos los aficionados: el escudo de la Real. Para poner la guinda a la reforma del estadio blanquiazul, el artista hernaniarra Víctor Goikoetxea y el arquitecto donostiarra Xabier Barrutieta han ideado una escultura gigante que flota sobre el espectador y ofrece una experiencia inmersiva gracias a su superficie de acero pulido con efecto espejo. De momento solo es un proyecto, pero tanto la Real como el Ayuntamiento no lo verían con malos ojos a priori. 

Con diez metros de altura y 4.500 kilos de peso, la obra está pensada para ocupar un espacio preeminente en el exterior del estadio y convertirse en punto de reunión y encuentro para todos los seguidores realistas. «Los campos de fútbol son las catedrales del siglo XXI y vimos que como complemento de la gran remodelación realizada por Izaskun Larzabal hacía falta un hito que diera la bienvenida al público», explica Barrutieta, quien junto a su socio y colaborador ya ha trabajado en otras intervenciones de arte urbano como ‘MiramArt’, el túnel submarino de Ondarreta, que ha pasado de ser un pasadizo oscuro y frío a objetivo de los ‘instagrammers’ locales y visitantes. 

Según Goikoetxea, el reto en este caso consiste en tomar una imagen «con más de 100 años de vida y un profundo arraigo» en la sociedad guipuzcoana y dar un «salto futurista». «Hablamos de innovación e investigación. De transformar un espacio vacío y convertirlo en un lugar sagrado para los seguidores de la Real», apunta.

Para lograrlo, en 2019 desarrollaron un proyecto cuya ejecución técnica está «más que definida para que sea viable». La escultura consta de cuatro elementos: el balón, la corona, la bandera y el mástil. Este último hace que el apoyo en el suelo sea «mínimo» y el escudo «sobrevuele» las cabezas de los espectadores. Es de acero, tiene un grosor de 25 centímetros y se clava en una zapata de 5x5 metros enterrada bajo el pavimento, que es la que hace de contrapeso sujetando el conjunto en el aire para que pueda ser transitado por debajo.

El balón tiene una estructura interior de acero marino de cuatro metros de diámetro y, sobre ella, «aprovechando las costuras», se colocan planchas de acero pulido espejo. La corona es de resina maciza y para la bandera –«la parte más compleja por sus pliegues y curvas»– han elegido fibra de vidrio, el material con el que se hacen las tablas de surf y los cascos de los barcos. Goikoetxea avanza que la capa exterior es pintura cromada al horno, similar a la de los coches. Gracias a este proceso que el artista ha utilizado en anteriores intervenciones, el escudo devuelve la imagen reflejada, «generando un juego con el espectador, que tiene la sensación de estar dentro del balón». Ejemplos conocidos de esta técnica son ‘La Alubia’ de Chicago o los ‘Perros Globo’ de Jeff Koons.

«Un lenguaje que emociona»

«Queremos sensibilizar a la gente a través de un lenguaje que se entiende y emociona. La ciudad necesita algo así, un elemento que pueda ser disfrutado por las masas, no solo dentro de los museos», argumentan Goikoetxea y Barrutieta, quienes presentaron hace dos años su proyecto a Ayuntamiento y Real y la acogida fue «fantástica, maravillosa», según les transmitieron desde las más altas instancias de ambas instituciones.  Entonces llegó la pandemia, el mundo se detuvo y el orden de prioridades cambió. Ahora, la urbanización de los alrededores del Reale Arena, cuya finalización se anuncia para 2025, es la que marca los tiempos. «Es lógico, porque el Ayuntamiento no quería que se colocara la escultura y luego volver a romper para urbanizar la zona», concluyen. Por el momento, habrá que esperar.

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